domingo, 6 de febrero de 2011
III. Profecía a tinta azul y negra
viernes, 14 de enero de 2011
:.: Where :.:
Ella me espera, y yo juré que volvería.
Ella, la noble alma cuya mirada me atravesó la mente con violencia, y descubrió en mí la bondad. Ella, que incluso a mí me convenció de que hay luz en mi sombra. Ella, cuyos labios recorrieron la dureza de mi rostro con ternura. Ella, que tomó mi corazón entre sus manos y me hizo sentir por vez primera eso a lo que le llaman "calor".
Cuando desperté, ya no supe dónde estaba. Era un lugar extraño, con calles sin nombre, fachadas sin número y cielo sin estrellas. Llovía soledad, y no me dí cuenta de que estaba avanzando por que no escuchaba mis pasos. No encontré una sola alma, sólo un montón de personas. Miles de pares de miradas de desprecio. Rostros enfadados con quién sabe quién. Manos cerradas en puños, con nudillos pálidos por el frío. Voces de niños gritando cosas que nadie quería escuchar. Sonrisas apagadas por el canto de dolor de las hipócritas, que reclaman la pérdida de lo que ellas mismas desperdiciaron. Y en cada poro de mi piel erizada sentí la necesidad de un abrazo.
¿Dónde estaba ella?
Doblé por la esquina, y llegué a donde había una mujer desnuda vendiendo pétalos y tallos de rosas marchitas. Aprendí en sus manos que aún las espinas muertas hacen sangrar. Me atreví a pedirle me dijera dónde estaba, y su voz respondió un simple "estás aquí". Su mano sangrante tocó mi pecho, y por un instante me sentí en caída libre. Al abrir los ojos, descubrí su hermoso cuerpo muerto, y los pétalos negros volaban poco entre las gotas de lluvia, hasta ser derribados. Pero antes de alejarme, miré en su rostro muerto la más dulce de las sonrisas.
¿Dónde estaba ella?
MIré a los más jóvenes arrancándose pedazos de piel, para enrollarlos y fumarlos. Miré a los más viejos abriendo la boca con fuerza, gritando sin voz, como queriendo vomitar la poca vida que les quedaba. Miré a los más intrépidos sufriendo en el suelo, con los huesos rotos y las esperanzas muertas. Nadie más los miraba, y yo no podía alcanzarlos. Miré a todos, y no encontré a nadie. Sentí entonces el más grande de los miedos: que entre todos "ellos" estuviera ella, haciéndose pasar por una pieza más en el oscuro tablero. O tal vez no fingía y ya se había convertido en lo que ellos son.
¿Dónde estaba ella?
La brisa helada congeló mi piel, tan fuerte que no era capaz de sentir mis propias manos cubriendo mis brazos. La sangre se congelaba apenas salir de las llagas, y las lágrimas no se atrevían a estar afuera. No encontré abrigo ni piedad, así que corrí en busca de una idea. Y en un callejón vacío encontré mis juguetes rotos de cuando era niño, y reconocí entonces el sitio donde estaba. O más bien, lo recordé: estaba en mí sin ella. Estaba en lo que yo era antes que ella llegara. El lugar que antes era tan acogedor, ya no lo era tanto. El hogar ya no es el hogar. Después de conocer la belleza de ella, ya no había un "después".
Cumplí mi promesa: yo volví. Y ella me espera, pero no sé dónde. Quizá sea su destino esperarme por siempre, y quizá sea mi destino por siempre buscarla. Pero tal parece que nunca la voy a encontrar.
Lo que el corazón perdió, la mente no lo puede dar.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Sobre el amor y la muerte
Transcribo aquí la mejor reflexión que he leído acerca del amor, extraída del libro Sobre el amor y la muerte (Über Liebe und Tod), de Patrick Süskind:
Lo que dice San Agustín sobre el tiempo se aplica igualmente al amor. Cuanto menos pensamos en él, tanto más natural nos parece; sin embargo, cuando empezamos a cavilar , nos metemos en un lío. Ese curioso estado de cosas se ve confirmado por el hecho de que, desde el comienzo de la historia de la cultura, el ser humano en calidad de artistas y, desde los tiempos de Orfeo, en calidad de poeta, se ha ocupado de pocos temas tan insistentemente como del amor. Porque, como es sabido, los poetas no escriben sobre lo que saben sino sobre lo que no saben, y ello por razones sobre las que tampoco saben pero quisieran saber sin falta. El no-saber, el no-sé-qué-significa-eso es el impulso primario que echa mano por primera vez al estilete, la pluma o la lira. (Furia, tristeza, euforia, dinero, etc., son completamente secundarios.) Si no fuera así, no habría poemas, novelas, dramas, etc., sino sólo publicaciones.
El amor parece ir acompañado de algo misterioso, que se conoce exactamente pero sólo se puede explicar de un modo insuficiente. De todas formas, eso afecta también al Big Bang o a la cuestión de cómo será el tiempo dentro de dos semanas. Y, sin embargo, la teoría del Big Bang y los pronósticos meteorológicos excitan a los poetas y su público mucho menos que todo lo que tiene que ver con el amor. Por consiguiente, debe de haber en éste algo más que lo simplemete misterioso. Evidentemente, se considera portodos como algo sumamente personal y de la máxima importancia, tanto que hasta el astrofísico, cuando anda cortejando, se interesa significativamente menos por el origen del universo... por no hablar del tiempo que hará.
Sin embargo, ¿no ocurre lo mismo con la respiración, la comida y la bebida, la digestión y la defecación? ¿Por qué, me preguntaba con frecuencia de niño, la gente no va a nunca al retrete en las novelas? Tampoco en los cuentos de hadas ni en la ópera, ni en el teatro, el cine o las artes plásticas. Una de las actividades más imporatntes, ocasionalmente más urgentes, incluso vitales del hombre no aparece en el arte. En cambio, éste se ocupa, una y otra vez, y con infinito detalle y variación, de los placeres y penas del amor, y de todos sus preámbulos y variantes, a los que, como se creía en otro tiempo, se podía renunciar por completo. ¿Por qué o ha habido en la historia de la Humanidad un culto al excremento, pero sí al pecho femenino, la vagina o el falo? La idea, aunque un tanto infantil, no es aberrante. En El banquete de Platón, el médico Eryximacos considera que el Eros no se manifiesta menos en el correcto llenado y vaciado del cuerpo que en la inclinación entre dos almas. Sin embargo, Eryximacos se encuentra entre los siete borrachines que se explayan sobre la esencia del amor, los orades más simples. Para él, como científicoel Eros no es más que un principio armonizador fundamental, por decirlo así, una constante física que trae el orden al mundo, y concretamente a todas las esferas imaginables, desde la agricultura hasta las mareas, desde la música hasta el hipo. Hoy, probablemente, definiría el amor como uno de los innumerables fenómenos causados por las enzimas, hormonas y aminoácidos. A nosotros nos parece trivial. Poco constructivo. Y además poco ilustrativo. Porque, al fin y al cabo, definir no significa generalizar, sino, al contrario, delimitar y demarcar lo general. Si queremos hablar del amor, del que por lo menos creemos saber que es algo muy especial, de poco nos sirve que alguien nos explique que se trata de un principio básico universal al que no están menos sometidas las mareas que el aparato digestivo. Lo mismo nos podrían decir que lamuerte es un fenómeno termodinámico, que afecta tanto a las amebas como a un agujero negro de la constelación de Pegaso... con lo que no nos habrían dicho nada. Ahora bien, puede ser que el amor tenga también sus aspectos físicos y químicos, mecánicos y vegetativos... Una cristalización lo llama Stendhal; en otro lugar, una fiebre; el enamoramiento es una embriaguez, dice Sócrates en Fedro, una enfermedad, una locura. Pero no una mala embriaguez, añade, sino la mejor que existe; y no una enfermedad dañina ni una auténtica locura humana en el sentido patológico, sino una manía inspirada por los dioses, que añora los dioses, una demencia divina que permite al alma prisionera de lo terrenal remontar el vuelo. Es cierto que el Eros no es un dios, ni bueno ni malo, ni hermoso ni odioso, sino un gran daimon, un mediador entre los hombres y los dioses, un acosador que inculca en los hombres el deseo de lo que les falta: lo bello, lo bueno, la felicidad, la perfección... todos los atributos divinos cuyo reflejo ve el amante en el amado... y finalmente también la inmortalidad. El Eros es «el amor que empuja a procrear y alubmrar en lo bello», como dice Diótima, «la más sabia de las mujeres», de la que Sócrates habla en El banquete. Y ese «engendrar y alumbrar», sin duda también el físico-animal, pero más aun el espiritual, pedagógico, artístico, político, filosófico, en una palabra, lo que llamamos lo creador, constituye la participación del hombre en la inmortalidad, porque sigue existiendo y actuando después de su muerte. «... En lo bello», dice además, lo que no carece de importancia, «engendrar y alumbrar en lo bello», es decir, precisamente en la nostalgia de esos atributos divinos de los que los hombres carecemos.
Esto resulta duro de tragar, pero su sabor no se ha estropeado en los últimos dos mil quinientos años. Desde las cancioncillas sentimentales hasta Fidelio y La flauta mágica, desde lsa novelas de quiosco al Anfitrión de Kleist todo lo que se escribe y se canta expresa el convencimiento de que el amor es algo sublime, celestial, redentor, y la terminología con que se canta o escribe sigue siendo hata hoy la religiosa. Con lo que se diferenciaría ya suficientemente de los excrementos.
viernes, 28 de mayo de 2010
La única carta de amor que he escrito.
Notas al pie sobre la memoria (1)
Meter la punta del pie al arroyo. Recuerdo(2) que la última vez que te conocí(3) hubo una punzada de algo, como hielo inyectado(4) que me atravesó. Llevé el hielo como una señal que me sacudía; desde aquel día toda yo fui hielo.
Trato de recordar, de re-formar(5) la primera vista.(6) La memoria es como un arroyo circular, lleno de peces.(7) Sólo recuerdo haber visto entrar a un hombre delgado que llevaba puesta una chamarra negra; recuerdo el acercamiento. Luego el hielo(8) esparciéndose después del golpe supremo, de la inyección. Ese leve cosquilleo inicialmente confundido con la mera empatía. Todos los momentos tan acordes construidos. La memoria no es más que sensación. La memoria es sumergirse en el arroyo y ser el arroyo; es la caricia del agua, la respiración artificial. Los recuerdos son los peces.(9) Todo lo que entra al arroyo circular, permanece ahí, aunque sólo en una ínfima parte de sí. Podría pasar(10) que quien se sumerja en la memoria tiempo(11) después, ya no encuentre a los mismos peces; lo importante es que los nuevos serán hijos de los anteriores, o serán los que se habrán comido sus restos, y entonces serán ellos mismos(12) en una nueva escala. Lo esencial permanece, aunque lo compuesto haya desaparecido. Yo no puedo hablar de recuerdos, entonces, porque dejaste tantos elementos de ti en mi memoria que es imposible no saber que fuiste la mujer que amé siendo mujer, el hombre que amé siendo hombre, el joven al que seduje siendo ya una mujer entrada en años; el esposo y la esposa tantas veces; la mirada entrecruzada un segundo por dos desconocidos en
Me sumerjo en el arroyo. Dejaste indicios de ti por todos lados. Tanto así que no te costó más que un atisbo de mirada para provocar toda una tormenta, y un pedazo de palabra para que recordara tu voz, y un solemne acto de acercamiento para que supiera que, en efecto, ya habías tomado mi mano muchas veces, y que volverás a tomarla,(17) en muchos puntos de la historia, cuando los polos hayan invertido su carga magnética otra vez.(18)
Hubo, en alguna otra época, una vez en la que, tirados en el pasto, estuvimos toda la noche hablando sobre la historia que podrían contarnos las estrellas; disertábamos sobre la naturaleza de éstas. Mientras, tú apretabas mi mano izquierda intermitentemente como tratando de imitar el parpadeo de las luces del cielo. Tu cabeza estaba recargada en mis piernas, tan desmesuradamente(19) cerca de mi sexo que si no hubieses sido mi esposo, tendrías que haber sido mi amante.
En fin….(20) El 21 de agosto, de cada cuando, cuando nos encontramos, sucede algo similar. No es cuestión de hablar de lugares comunes, pero, en efecto, entre tú y yo ya hay un arquetipo de encuentro; en primera, está la alternancia: en una vida te toca a ti y en otra a mí. Ahora fue mi turno, y yo te encontré a ti. Después, está el momento del encuentro: el que encuentra entra primero al lugar, y después entra el encontrado. El que encuentra duda de si el que entró es el que era buscado, después, por alguna razón sabe que es él. El que encuentra se acerca y el que era buscado se sabe encontrado, ya que una pequeña sensación intimidación se apodera de él. Y es que la conexión se hace más que obvia. Y con el tiempo el amor sale a flote, resurge en la memoria.
La vista submarina es la más clara. La subarroyal,(21) no es sólo clara, es total, es simultánea: es antitemporal, es mágica, es estrepitosa, es tormenta, es calma. Porque es la vista que no descompone lo que ve según el agua y sus variaciones de luz; es la que descompone el sentir en infinitos matices de imagen. Por eso, al sumergirse en el arroyo, la periferia se convierte en el centro, el recuerdo en presente, y el futuro en recuerdo. Y es que el arroyo también se sumerge en el pie, porque todo lo que entra en contacto con el arroyo se convierte en el arroyo. Éste impregna todo lo que toca, y es por eso que la memoria puede ser explorada, también, por el tacto o el olfato. He ahí que también por eso te re-conozco.
Las Notas al Pie
(1) El título es alusivo. Puede interpretarse literalmente en dos sentidos completamente distintos.
(2) “Traer algo a la memoria”.
(3) En esta parte, aunque la frase puede aparecer al lector como una burda redundancia, se comienza a jugar con el sentido de la anterioridad que en el resto del texto tiene un papel fundamental, según los registros mentales de quien escribe [N. de. T]
(4) Aquí hay una referencia directa al primer cuarteto del cigarral tercero de Tirso de Molina:
“Pentra amor con invisible fuego,
pues sin ofender ojos alma pasa;
pero no es fuego amor, que el fuego abrasa
y amor me hiela a mí cuando a él me llego.” [N. de E.]
(5) El guión busca resaltar que la utilización del verbo, en este caso, es la de su primera acepción en el diccionario de
(6) Según la tradición neoplatónica el amor se da a través de la mirada. [N. de E.]
(7) Sí, la memoria es acuática [N. de A.]
(8) Lo de Tirso tiene sentido, y claro que existe cierta alusión; pero también podemos interpretarlo desde la perspectiva de que no tolero el sol, y por lo tanto prefiero lo gélido (me gusta) a lo ígneo (no me gusta). Para mí el amor es algo que hiela, no algo que incendia. [N. de A]
(9) Y por lo tanto también sus escamas, y sus espinas y sus huesos que se escurren en la arena cuando estos mueren. [N. de A.]
(10) El pospretérito, en este caso, es sólo un instrumento para sugerir lo obvio. No es que “pueda pasar”, es que siempre pasa. [N. de T]
(11 El orden de las palabras “memoria tiempo después” también puede sugerir un sentido ambiguo: “que quien se sumerja en la memoria tiempo” es decir, la memoria que también es tiempo; “que quien se sumerja en la memoria tiempo después”, que tiene como referente un “tiempo antes” en el que la persona ya se ha sumergido en el arroyo. [N. de T.]
(12) Según la antigua creencia de que al comer a otro ser vivo se absorbe la energía vital de este, y se hace parte de la composición misma del primero.
(13) Aquí hay una referencia directa al periodo histórico en el que Roma fue gobernada por su primer emperador Cayo Julio César Augusto (del
(14) Juego de palabras: el olor incluso, implícito; no en su definición de “hasta” o “aun”.
(15) Alusión que nos remonta a la anterior afirmación de que el receptor de las palabras alguna vez, en alguna época remota, fue mujer al mismo tiempo que la emisora. Vid. Primera acepción de “Homosexualidad” en el diccionario de
(17) Según la concepción no-lineal del tiempo. [N. de A.]
(18) Algunos científicos afirman que ya ha pasado antes. [N. de E.]
(19) Pensé en utilizar el verbo “inconmesuradamente”, pero para desgracia del texto, éste no existe. Aunque bien, la etimología no sería del todo errada. [N. de A.]
(20) Expresión irónicamente utilizada por la autora, ya que aquí comienza todo. [N. de E.]