Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de febrero de 2011

III. Profecía a tinta azul y negra

Hace algunos meses hice este dibujo en un momento en el que dejé que los trazos se dibujaran solos (con un poco de ayuda de mi mano). Las imágenes hablan más allá de mi boca, de mis propias palabras. Incluso más allá de mí, porque son parte de un discurso del que yo formo parte pero que no me pertenece: yo le pertenezco a él. Al mirarlo recuerdo que nada se olvida.


domingo, 23 de enero de 2011

II. Caminos que ya estaban ahí

El prólogo a Israel se vuelve cada vez más curioso. Con una infinidad de notas al pie de página (notas que no están ahí, pero que bien las mentes suspicaces pueden percibir) le voy señalando al lector que las cosas no siempre son lo que parecen. Si bien el conocer a un hombre marcó definitivamente mi deseo de ir allá, este fue sólo el primer paso de un proceso mucho más complejo del que yo pensé. El milagro no terminó ahí. Porque la cadena de hechos inconexos que sí estaban conectados me llevó a conocer al hombre que no es un mero símbolo, sino la posible consumación de todo cuanto he deseado: Isaac. Él ya estaba ahí. Ya había estado, en muchos momentos, en muchos lugares. Nos pudimos haber encontrado de muchas formas, las más simples, las más comunes. Pero no fue así... Maktub, dicen por ahí.

Nos encontramos ahora.

viernes, 21 de enero de 2011

I. Algo que está lejos y está cerca

Tengo que aceptar que desde que conocí a Deyvi Damar mi perspectiva del mundo cambió. No por todos los "y si..." que forjé a partir de ese "encuentro", sino por la condición tan extraña en que se desarrolló, la conexión de hechos, de mundos, de palabras y aun de sueños. Pensé que sin duda, si algún día escribiera una novela acerca de nosotros se llamaría como el nombre que en hebreo se le da a España. ¿Por qué? Porque ahí empezó todo. No en el lugar, sino en la palabra, en su significado, en el antes y después que para ambos simboliza (un ambos que ahora se reduce a un yo, que es sólo yo, porque él no debe saber, al menos ahora, que estoy escribiendo acerca de su importancia en mi vida).

Israel me interesaba ya, de algún modo, pero al conocer a alguien que pronto estaría viviendo ahí ese simple gusto fue evolucionando desde una curiosidad básica (como la que sentimos por cualquier lugar en el mundo que algún día nos gustaría visitar) hasta una fascinación que, más allá de cualquier filiación política o religiosa, me llevó a decidir que ahí es donde viviré cuando termine mis estudios universitarios.

Alguna vez escribí un poema, cuyo inicio me gustó tanto que, pese a haberlo roto en pedacitos y tirado luego de ver que me sentía poco conforme con el estilo, es la única parte que aún conservo en la memoria y que a veces todavía repito para mí misma intentando siempre completarlo (aún sin éxito). Eretz Israel, sueño contigo... Hablaba de aquella tierra, como se habla del hombre amado, como se sueña con él.

Está lejos, está cerca... más cerca de lo que a veces estoy yo de mí misma. ¿Dónde quedó Deyvi Damar en todo esto? Él es la personificación de aquello que ahora deseo más que cualquier otra cosa. No hablo de él como se habla del hombre al que se ama, como alguien a quien amar, aunque sé que pudiera hacerlo, sino como la llave que abrió la puerta que durante mucho tiempo me negué a abrir por miedo a aquello que pudiera encontrar del otro lado. Y del otro lado, hoy descubro, está Israel.