Mostrando entradas con la etiqueta Carta al amante general. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carta al amante general. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de noviembre de 2011

Una mañana

Contadas las horas del día
quedan mientras tus ojos se abren y miran
un momento
el techo y luego la ventana, y luego el recuerdo,
y luego a esa que soy yo,
que está más con tu cuerpo que contigo.

Caes en mis manos, deseo,
deseo andante, con nombre, con sueños,
caes aquí, 
aquí, en medio de mis piernas (y alegrías),
en medio de la nada, del mal intermitente,
del movimiento abrupto, de la voz que pide
corrupción a gritos sordos.

Contadas, pues, las horas de espera
de letras que son lunares en rostros lejanos,
y caricias de manos de ausencias que duelen,
de sabores fantasmas de labios-ensueños,
de vigilias... de vigilias.
Atrapado estás entre vigas de cristal suave
que se enlazan en tu espalda
como buscando apuñalarte.

Apuñálame tú a mí.
Entra en las cavernas que ante ti se abren
en una tierra de piel cálida, blanca arena;
escucha los ecos-respiraciones.
Porque juntos, tú, yo y la carne, nos iremos
en la muerte violenta del orgasmo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Metro Tacuba, uno de octubre, nueve y media de la noche

Una memoria nace en el momento menos esperado del día.
Cuando anochece, cuando la canción, la vista
y el cansancio se entremezclan.
Un aroma perdido en el aire sugiere
algo que nos marca, que nos sigue.
Un sonido que recuerda algo, otra vez:
una canción.
Un hombre que de espaldas semeja a alguien
no antes visto.
La caricia imaginada,
el encuentro, el quererse comer las horas,
el querer ahorcarlas.
Sí, no hay más.
Las búsquedas erradas cayeron desde
el ningún lugar en donde habían sido guardadas.
Algo nos llama, a lo lejos...
Un hombre, una memoria nunca antes vista
se convierte en algo que recuerda algo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Entremés

Alguna vez te hablé desde lo más oscuro de mí, desde el miedo a ti, a mí misma.
Ya nos habíamos mirado

Soñé imágenes conjugadas en tiempo pasado,
como palabras que tomaran color, y forma.
Con el pasado mismo que nos une, pero que pareciera no estar ahí.
Esta es, sí, sólo una imagen traducida.
Ya estuvimos bajo el mismo techo, ya
alguna vez, en el pasado. Ya nos miramos, seguramente.

... pero tú ya lo sabías.

lunes, 29 de agosto de 2011

Punto de encuentro

Aquí, ahora, es el tiempo,
el lugar que esperamos.
¿O en el que esperamos?
No hay más. No hay búsquedas erradas,
no hay encuentros, no hay salvación.
Amigo mío,
habib, el horizonte nos muestra sólo
detalles nimios, solos caminos
que podríamos caminar.
No hay absolutos: cambian.
Las aguas nunca son las mismas.
La lluvia -cada una de las gotas que toquen tu cuerpo-
eres tú.
Las nubes color plomo, la tormenta,
ahí somos los dos, pero no como los dos,
porque somos un correlato, la respiración del aire que pasa entre nosotros,
que nos toca en la distancia.
Te veo. Tu mirada se alza al cielo.
Sonríes.
No hay nada más que eso.

(El mundo se calla).

Todos los caminos me llevan a ti.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Un cuento

Pasión desbordada, mitificada.
Pasión álgida, pasión sin sentido.
Y es que tú, mi amado, eres
el desgaste absoluto del camino,
el pie quebrado en el sendero,
la duda innata,
el alcohol que siempre puede embriagar un poco más.
Hoy que te encontré fuiste tú
el recuerdo que, aunque vive en mí enterrado,
no tiene rostro.
Pero sí tiene voz,
porque me habla siempre,
desde la vigilia,
desde ese mirar sin mirar de los traslados,
desde las búsquedas de algo quieto detrás del cristal.
Voz que es fuego y trampa, sin sonido.
Recuerdo.
¿Cuál es tu nombre?
Tú nombre es hoy uno impronunciable,
con el que podría construir (sólo eso) anagramas peculiares.
No es el ladrillo que busqué para el próximo muro de Jerusalem.
Tu rostro fue por un momento su rostro, sí.
Pero el recuerdo (¡oh, amnesia corrupta!) se olvidó de mí.
Fuiste sólo miradas fugaces,
una plática casual (que por supuesto yo había buscado).
Un encuentro favorecido por todo,
excepto por el amor.